Asenjo, de vuelta en un partido grande

Contra el Barcelona, Sergio Asenjo fue la gran noticia para el Villarreal. Un ejemplo de voluntad, tras superar por cuarta vez una lesión de ligamentos. Para regresar una vez más a un terreno de juego y vivir un partido grande, para enfrentarse al Barça y a Messi. Más de nueve meses habían pasado desde que Asenjo caía por última vez, quebrada su rodilla derecha, también en un enorme choque ante el Madrid. Sucedió el 26 de febrero. Cientos de horas de trabajo en silencio para volver sentirse futbolista, superar sus miedos y la soledad del portero.

Seguir leyendo.

Mismas lesiones, mejores tratamientos

Que el mundo del deporte ha evolucionado mucho en los últimos tiempos es tan cierto como que los deportistas de élite, independientemente de la modalidad que practiquen, llevan cada vez más al límite su cuerpo. Esta obviedad tiene una consecuencia muy clara: sufren más lesiones. Pero del mismo modo que el deporte ha avanzado, el tratamiento de las lesiones, no.

El 80% de las lesiones deportivas siguen afectando hoy día a los tejidos blandos, o lo que es lo mismo, a músculos, tendones y ligamentos. La curación de algunas de ellas, sobre todo las que afectan a los tendones, se considera uno de los mayores problemas de la medicina deportiva ya que las tendinopatías son muy reacias a los tratamientos convencionales, tanto médicos como de fisioterapia. De hecho, este tipo de lesiones han provocado que muchos deportistas se hayan visto obligados a retirarse y poner fin a su carrera. En este contexto surgió la técnica EPI®.

La técnica EPI® consiste en aplicar un flujo eléctrico directo al foco de la lesión mediante un dispositivo y aguja específica. Con ello, se consigue una serie de modificaciones moleculares y celulares que optimizan de forma significativa los mecanismos de regeneración de ese tejido, acortando así los plazos de recuperación. Esta técnica, que es mínimamente invasiva, se realiza en consulta siempre bajo control ecográfico y no requiere anestesia. La duración de la intervención no suele sobrepasar los 15 minutos, aunque depende de la estructura, tamaño y dimensión de la lesión.

Las tendinopatías, como las que han sufrido Rafa Nadal o Cristiano Ronaldo, son afectaciones que tienden a la cronicidad y hacen referencia a una degeneración del tendón. De este modo, las células son incapaces de poner en marcha mecanismos de curación adecuados y lo que se produce es todo lo contrario, una liberación excesiva de moléculas relacionadas con la destrucción del colágeno y de las células del tendón.

En este tipo de lesiones, la EPI® permite alterar este entorno “contaminado” del tendón, activando la movilidad de las células encargadas de limpiar el foco lesionado (fagocitos) y de las que regeneran el tendón (tenoblastos). Además, produce una modificación del pH y de la presión de oxigeno del tejido lesionado, favoreciendo los mecanismos anabólicos o regenerativos de las células.

El otro gran grupo de lesiones deportivas son las musculares (representan aproximadamente el 55% del total). Pero pese a todos los avances en medicina deportiva, se suelen tratar como hace décadas: con reposo. Con ello, lo que se consigue es que se cree una cicatriz rígida en un tejido elástico como es el músculo, por lo que hay un alto porcentaje de recaídas (63%).

En las lesiones musculares, la técnica EPI® elimina dicha cicatriz mediante el paso de un flujo eléctrico constante y directo en el foco de la lesión, favoreciendo así la regeneración del músculo con tejido sano.

Dentro de las lesiones musculares, los isquiotibiales (bíceps femoral, semitendinoso y semimembranoso) son los que suelen estar más afectados (37%). En el caso del bíceps femoral, la cicatriz puede atrapar al nervio ciático, dando lugar a una sintomatología dolorosa y de déficit funcional que hace que el deportista no pueda competir.

Este tipo de lesión, como la que afecta al azulgrana Thomas Vermaelen, suele cronificar y muchos de los tratamientos convencionales fracasan o son insuficientes. La EPI® produce un efecto de licuefacción o “ablandamiento” de la fibrosis, permitiendo que se libere el nervio ciático de ésta. Con ello, la sintomatología suele desaparecer de forma rápida por lo que el deportista puede volver a la competición en un periodo relativamente corto de tiempo. Pero además de reducir los plazos de recuperación, la EPI® presenta una tasa de éxito superior al 90% y un porcentaje de recaídas inferior al 1%. Así pues, se erige como el mejor tratamiento para las lesiones mayoritarias en el mundo del deporte. De hecho, deportistas como Fernando Belasteguin, Purito Rodríguez, Marga Fullana, o Cristian Lobato, han sido tratados con ella.

José Manuel Sánchez, director de la clínica barcelonesa CEREDE Sports Medicine, doctor en fisioterapia y creador de la técnica EPI®.

El ejemplo Muniesa

Con la respiración entrecortada y una sonrisa que le cubría la cara, el sustituido Henry le bisbiseó: “No sabes lo que estás viviendo”. Fue en el banquillo del Olímpico de Roma, cuando el Barça logró su tercera Champions. Y se lo dijo a Marc Muniesa (Lloret de Mar; 1992), que contaba con 17 años, sorpresa de Guardiola para la final ante el Manchester United, toda vez que no había recambios para el lateral izquierdo y él, aunque central zurdo, se desenvolvía bien por el costado. Pero algo intuía Muniesa, futbolista en perenne batalla e idilio con el fútbol.

A los nueve años, tras pasar una prueba con los benjamines del Barça, le llegó la primera bofetada en forma de extrañas manchas en las piernas. “Vasculitis. Prohibido correr”, diagnosticó el doctor. Por lo que Muniesa se contentó con ver cómo sus amigos pateaban a la pelota en la Penya Barcelonista del pueblo. Un año después, sin embargo, fichó por el alevín del Barça. Por entonces, todo era diversión, carretera y manta con el Ford K de sus padres (jefe de metres y recepcionista en un hotel de Lloret), a toda mecha tras salir del colegio, balón y cena de la fiambrera antes de dormir. Los fines de semana, sin embargo, se quedaba en casa del abuelo Manolo, socio del club –tradición familiar- y mayor fan del niño, siempre con la ilusión de que algún día vistiera la camiseta azulgrana en el Camp Nou. Tenía toda la pinta.

Con 15 años, en edad de Cadete A, Muniesa ya se ensambló en el Juvenil A. No era raro escuchar por los pasillos del Barça que “este llega seguro” o “es el central del futuro”. “Marc no hizo caso porque en casa siempre le dijimos que era el último año, porque a cada temporada echaban a fulanito o menganito…”. Y, en tiempos de vino y rosas, en abril de 2008, se rompió los ligamentos cruzados de la rodilla izquierda. Fue contra el Ciudad de Murcia, en un balón a su espalda, tras el desequilibrio de un rival y el apoyo torcido en el suelo. El problema es que como estaba en edad de crecimiento, debió estar cinco meses sin operarse, fortaleciendo la pierna. Un año parado. Pero al regresar, tras dos partidos en el Juvenil A, saltó al primer equipo. “Quizá Guardiola ha premiado mi esfuerzo y recuperación”, sugirió entonces el futbolista, tan abrumado como ilusionado. E hizo realidad su sueño y el de Manolo puesto que, ante Osasuna, entró en el minuto 51… y se marchó en el 81, expulsado por una entrada como último defensa y pegado a la línea de cal, lejos de ser una ocasión clara de gol. “Estás loco”, le decía Xavi al árbitro, al tiempo que el Camp Nou blandía una pañolada. Luego, en la intimidad, Xavi bromeó: “Vaya mocadorada [pañolada] máquina, la que has liado”. No pesó en Guardiola esa tarjeta roja, puesto que le citó para la final de la Champions. Éxito relativo porque dos días después jugó con el juvenil y tardó otros dos años en volver a Primera. Debutó en Europa ante el Bate Borisov, luego Leverkusen y también Getafe. Hasta que el director deportivo, Andoni Zubizarreta, anunció: “Muniesa, Bartra, Montoya y Dos Santos tendrán ficha del primer equipo el año que viene”. Una alegría que le duró bien poco.

En el primer partido de esta pretemporada, frente al Hamburgo, una nueva bola a la espalda, un nuevo salto y una nueva mala caída, aunque con la otra pierna. Rotura de ligamentos. Pero los cientos de mensajes de apoyo -el que más le animó fuel el de Puyol, su ídolo-, recompusieron su moral, sabedor, después de que su padre pasara por quimioterapia para superar una enfermedad, de lo que importa en esta vida. “¡Dentro de poco estaré dando guerra!”, escribió en Twitter, al tiempo que se centró en los estudios, puesto que cursa segundo de ADE. Ahora toca de nuevo balón y hoy, posiblemente, después de que el jueves recibiera el alta, volverá a calzarse las botas. Pero no actuará en el primer equipo, sino en el filial, que se mide al Hércules.

Aunque por los pasillos ya se lo habían sugerido, nadie del club le pidió al futbolista que jugara en el B, sino que se dirigieron a sus representantes. Muniesa, al contrario de lo que ocurre con muchos del filial, aceptó, por más que le queden seis meses de contrato con el Barça. Pero no siempre es así; Jeffren, Fontàs y Dos Santos, por ejemplo, prefirieron agarrarse a la silla; y Romeu, Nolito y Soriano, también por ejemplo, optaron por salir antes que aguardar a su turno. “Aceptó de buen grado porque es el equipo de sus amigos y quiere coger ritmo”, revelan del club. Es un ejemplo para los canteranos. Y quizá ese sea el camino para jugar un partido más en el primer equipo y volver a cumplir su sueño y el de Manolo.