Nadie cede en la pelea

El dolor del defensa del Deportivo Laure, expresado en un hilo de voz casi inaudible, era compartido por media España. «Ha sido una sangría», lamentaba entre la vergüenza y la desolación. En la primera jornada oficial de acoso y derribo al líder, el Barcelona replicó con grandeza. Ocho goles en Riazor, cuatro de Luis Suárez, imperial el uruguayo en el rearme de su equipo. Fútbol nocturno en miércoles laborable en sesión de síncopes y cena interrumpida, allí donde el Atlético es especialista. Pero con Simeone la vida se ve de otra manera. Construyó un triunfo convicente con Torres redivido en la segunda juventud. El séptimo gol del símbolo colchonero en diez partidos enfrió el ardor de San Mamés. En ese torbellino no cedió el Real Madrid, indómito cuando de perseguir al Barça se trata. El disgusto por un 0-8 no le permitirá a Celso Borges canalizar su desacierto con perspectiva. Pudo cambiar el rumbo de la Liga. En el minuto que va del 18 al 19, media España empujó con el centrocampista de Costa Rica el balón que le llegó dos veces a su pierna izquierda. Solo ante Bravo, dos veces falló ante el clamor general que se extendió más allá de Riazor. Borges no entendió la dimensión de su yerro y el Barça, que ganaba 0-1 sin alardes, pasó el rodillo. Messi, casi un organizador al estilo Xavi, recobró el humor. Y Suárez gestionó su voracidad en una secuencia infinita. Un gol detrás de otro justo cuando, a las 20:45, el Atlético se aprestaba a sacar escudos y lanzas en San Mamés. Antes de que el uruguayo encadenase goles a pases de Messi, otro charrúa, Godín, se rendía en Bilbao por una dolencia muscular. Bartra, el olvidado de Luis Enrique, pareció Beckenbauer en una brava arrancada que culminó con el séptimo tanto culé, muy festejado puños en alto por su técnico y por Piqué, el líder sancionado en la grada. Marcó Torres, fabuloso gesto de cuello y mejor dirección del balón, y los hinchas del Atlético lo celebran por doble motivo: el Barça no se escapa y Simeone y el icono del club tendrán que seguir juntos en el mismo camerino unidos por lo más importante en el fútbol, el gol. Sufrió el Atlético para contener el arreón final del Athletic como sufrió el Madrid para abrir la cazuela de Asenjo, eterno y valeroso recuperador de roturas del ligamento cruzado. Fue Benzema otra vez, pasajero de un idilio con el Bernabéu que parece definitivo, el que decretó la normalidad en el Madrid. Una noche sin estrecheces resuelta con solvencia por Lucas Vázquez y Modric. El guión exigía un triunfo. Y así durante cuatro fechas más.

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