Seis cabezas en busca de botella

En Mestalla, alguien lanzó una botella a los jugadores del Barcelona cuando celebraban un gol y éstos saltaron como si fuera una granada del Equipo A. Estaban en clara formación de piña y alguien lanzó un objeto que cayó en el centro del grupo. No se ve con claridad en quién impacta, Messi parece, pero desencadenó un movimiento colectivo extraordinario: todos los futbolistas presentes reaccionaron en cadena llevándose las manos a la cabeza y desplomándose. Aunque aquí el acto no fue homogéneo: unos se llevaron la mano a la cabeza y cayeron, otros cayeron y luego se recogieron la cabeza. Parecía eso un milagro o una conversión general, todos de rodillas de repente. Suárez y Mascherano fueron los primeros. Suárez se agarró la cabeza desde atrás como si estuviese presenciando una atrocidad. Es que los gestos eran de dolor, pero también de incredulidad y sorpresa. Era como si en el centro de la melé estuviera naciendo una sanguinaria rotura de ligamentos. Cómo sería la rapidez del fenómeno que Busquets, que estaba al final del crisantemo humano, aún permanecía de pie. Le llegó muy limitada la onda expansiva y pudo reaccionar muy tarde. Vio a Suárez retorcerse en el suelo como si le estuviesen rociando con Cucal e inició entonces ese lánguido desplome suyo que parece le están pasando un serrucho por las tibias. Es el que mejor cae porque se cae como los edificios, “se implosiona”. Cuando Busquets iniciaba su demolición, Neymar aún se palpaba la ceja buscando sangre. El saldo era terrible. El césped iba a quedar como un hospital de campaña, pero los jugadores del Barça fueron pasando del terror físico a la normalidad por fases sucesivas. Aunque alguno se quedó con la mano en la cabeza como sujetando una jaqueca. Acababan de inventar el fingimiento en cadena. Eran seis tarjetas, algo tendrá que legislar la International Board para estos casos. El gesto de dolor que hacen es solitario, súbito, un grito mudo como cuando te da una rampa en la cama. ¿No somos todos jugadores del Barça ahí? Los madridistas dirán que le han echado cuento, pero en las imágenes queda claro que es un acto reflejo. De seis, pero reflejo (¡un rondo expansivo! ¡un rondo de dolor!). Lo que ha tenido que trabajar el Barcelona para que sus futbolistas reaccionen así, como neutrones en cadena... Es lo que tiene saber a qué se juega desde pequeñitos. El fenómeno siguió raro en el acta arbitral. Ahí fue justo al revés. No una botella y media docena de heridos. Según el documento fueron varias botellas que impactaron solo en el futbolista Don Neymar. Aunque el que protestó luego fue Messi. “Hijo de mil p…, hijo de mil p...”. ¡Como si todo en el hombre fuera en racimo!

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